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En el año 1940 Charles Chaplin se inventó este conmovedor discurso en su película “El Gran Dictador”:

Como todo gran orador comenzó por ganar la atención de la audiencia al decir “Lo siento, pero yo no quiero ser emperador, ese no es mi oficio, no quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible“.

 

Su frase principal logra un gran impacto debido a que se vivía la segunda guerra mundial y dictadores como Hitler y Stalin estaban generando alta controversia por sus actos de represión.

 

Inmediatamente se refiere a la necesidad de ayudar a Judíos, blancos o negros. Con lo cual obtiene la simpatía de sus oyentes que están en contra de tal represión.

 

Comienza con un tono de voz tranquilo y va subiendo el tono poco a poco hasta llegar a un estado de alta emoción.

 

Sus palabras motivan a las personas de la época y les da esperanza en un momento en que morían millones en la guerra, producto de la avaricia de algunos líderes mundiales.

 

Su discurso genera una gran aceptación en la gente de la época debido a la esperanza que genera al decir: “A los que puedan oírme les digo, no desesperéis, la desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores…”

 

Efectivamente, años después cayeron algunos de los dictadores y finalizó la segunda guerra mundial.

 

Su discurso sigue motivando a la gente del siglo XXI y describe en gran parte lo que está ocurriendo en la actualidad y lo que seguirá ocurriendo.

 

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