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Alejandro Magno nació en el año 345 a.C. en el reino de Macedonia y heredó el trono de su padre a los 20 años.


Alejandro era un orador de habilidades superiores a las de cualquier ser humano de su época.


Aristóteles, su principal mentor le enseñó la importancia de descubrir nuevos conocimientos para comunicarse de una manera efectiva con la gente a su alrededor.


Así fue como logró mover un ejército organizado de más de 40.000 hombres en una época en la que no existían los micrófonos y ninguna herramienta de comunicación tecnológica.


Su padre le había encomendado un proyecto que consistía en conquistar al imperio más grande de la época (los persas).


Un día salió con su ejército y decidió cumplir los deseos de su padre recién fallecido.


Muchos no creían en él, conquistar el imperio Persa parecía una tarea imposible debido a que se trataba de un ejército mucho más grande y su control se expandía por todo el oriente.


Desde que salió de Macedonia ganó cada batalla, aumentando la confianza de sus seguidores. 


Siempre estuvo luchando mano a mano con el enemigo, exponiendo su propia vida para motivar a sus comandantes a que hicieran lo mismo.

 


Un día fue herido en batalla al ser perforado un pulmón por una flecha y sobrevivió sorprendentemente.


Alejandro Magno es considerado uno de los más exitosos comandantes militares que han existido en la historia debido a que nunca fue derrotado en batalla.


El éxito en sus campañas se atribuye a su capacidad para motivar al ejército que le seguía. Alejandro M. siempre estaba en frente, luchando en el campo de batalla. Algo que ningún otro rey se atrevía a hacer.


De Alejandro Magno podemos aprender lo siguiente:


1. Nada es imposible.


2. Un buen líder debe estar activo en la batalla.


3. El éxito no llega de la noche a la mañana, es un largo camino.


4. Para lograr el objetivo primero hay que dar el primer paso y avanzar. 


5. La oratoria y el liderazgo son armas poderosas para lograr objetivos.